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Abundan las razones para ser pesimistas sobre las incipientes negociaciones entre el Gobierno y las Farc.

Tal vez la m s obvia es la improbabilidad de que las Farc abandonen las extravagantes utilidades del narcotr fico, que Daniel Mej a, reputado investigador de la U. de los Andes, estima en unos 1.500 millones de d lares anuales. Aun sin sumar la creciente (e igualmente lucrativa) miner a ilegal que controlan, es evidente que las Farc no tienen incentivos para desmovilizarse. Ni tienen tampoco voluntad de paz, como demuestran con sus persistentes actos de terrorismo y cuando, c nicos y sin asomo de verg enza, niegan secuestrar, desconocen a sus v ctimas y aseguran defender a los mismos campesinos a quienes han arrebatado (seg n el Ministro de Agricultura) m s de 700.000 hect reas. No hay raz n para pensar (sin el deseo) que las Farc quieren la paz.

Entonces, por qu se sientan a negociar? Pues por las mismas razones de los a os del Cagu n: dominar el debate nacional, reconstruir su imagen internacional y reagrupar fuerzas mientras nuestros soldados y polic as se preguntan si vale la pena arriesgar sus vidas cuando aquello por lo que luchan se negocia en alg n sal n de puerta cerrada en La Habana.

Las Farc, expertas en abusar de las esperanzas de los ciudadanos y del af n de los gobiernos que piensan en ciclos electorales, ven en estas negociaciones una herramienta t ctica m s para refundar a Colombia contra la voluntad de los colombianos y por los medios m s viles a su alcance.

La err tica actitud del presidente Santos agrava el panorama. Mientras en su discurso de posesi n dec a (correctamente) que la paz debe partir de unas “premisas inalterables”, ahora negocia a pesar de que no se ha cumplido ni una sola de esas premisas. Mientras hace un par de meses ped a creerles a las Farc cuando negaban estar secuestrando, ahora pide que no le “paremos bolas” al insolente discurso de ‘Iv n M rquez’.

Y m s recientemente ha dicho que el fracaso del proceso “no le costar a nada al pa s”, como si estuvi ramos jugando p quer sin apostar plata. No, se or Presidente: ya nos est costando mucho, porque se perdi el camino de la seguridad democr tica. Y nos va a costar a n m s porque estas negociaciones nos legar n unas Farc revitalizadas.

Un Estado leg timo y democr tico como el nuestro no puede negociar con terroristas en estas condiciones. Ni puede poner el modelo de desarrollo del pa s sobre la mesa, que es exactamente lo que hizo el Gobierno al permitir que el tema agrario sea el primer punto de la agenda de negociaci n.

Esa terrible concesi n ti e de ilegitimidad el proceso entero porque reemplaza a las instituciones democr ticas (donde deben darse esas discusiones) por las secretas reuniones de La Habana. Nuestro Estado no puede negociar mientras no cesen las acciones del terrorismo de manera unilateral. Solo entonces nos podremos sentar a hablar, y solo sobre dos temas: rendici n y sometimiento a la justicia.

No creo en este proceso porque no puedo aceptar que se legitime a quienes persisten en el uso del terror y niegan a sus v ctimas, y porque el Gobierno no ha sido claro con los colombianos y ha hecho concesiones inaceptables. Creo, por el contrario, en un camino hacia la paz que el pa s ya hab a empezado a recorrer con xito: el de la seguridad democr tica, que garantiza la protecci n de los ciudadanos, diezma el terrorismo y genera las condiciones para su desmovilizaci n y sometimiento a la justicia. La paz de verdad, duradera y sin impunidad, no puede depender de la voluntad de las Farc, sino de la fortaleza de un Estado decidido a defender a los colombianos.

Respuesta: Por qu me opongo a las negociaciones

No dan muchas esperanzas las Farc en estas negociaciones, es cierto; su actitud dista mucho de la que podr amos esperar de alguien dispuesto a conciliar y a ceder algunas de sus aspiraciones.

Pero oponerse al proceso porque podr a derivarse de l una mejor a en la imagen internacional de la narcoguerrilla es demencial. Zuluga asegura que ese es el nico objetivo de ellos, como saberlo? Imposible. Lo que si es seguro es que de empezar a transitar por un buen camino estas negociaciones la imagen de los guerrilleros va a mejorar, es innegable, as como empeora cada vez que ponen una bomba en un caserio.
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