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28 de Agosto de 2005 LAS ESPECIAS Y SU HISTORIA La importancia del comino Un comino, una pizca de pimienta, unas hojitas de or parecen cosa balad que no tienen m importancia que la de saborizar las comidas. se imaginan cu ayud un pu de especias a la salud de la humanidad y a, nada menos que, completar el mundo y volverlo redondo!

Cuenta Umberto Eco que uno de los mayores logros de la Humanidad de hace un milenio fue descubrir la importancia de las leguminosas, que posibilitaron una mejor calidad de vida y, a su vez, a iniciar el crecimiento poblacional en el planeta, lo que llevó a la ruptura del equilibrio del hombre con su entorno.

Fue en esa época que mercaderes pioneros abrieron las rutas hacia lejanos países, de donde se traían para comerciar en Europa los condimentos que ayudaban a mejorar el sabor y la calidad de los alimentos de los europeos.

Hasta el siglo XV, estos productos llegaban siguiendo esos caminos, lo que constituía un estrecho y delicado tráfico, sujeto a cualquier contingencia.

La superación de estas dificultades llevó a descubrir culturas, naciones, países, islas, continentes y hasta. la redondez de la Tierra! Veamos cómo fue la cosa.

Un poco de pimienta

La comida de los europeos era tan desabrida, tan “mandi’o re”, según una expresión descriptiva muy nuestra, que para hacerla digerible no quedaba otra que agregarle cualquier cosa que le diera un poco de sabor.

Pero eso empezó a cambiar allá por el siglo XIII, cuando mercaderes venecianos empezaron a abrir caminos hacia los países orientales, convirtiéndose en traficantes de textiles y especias.

El más célebre de aquellos pioneros fue Marco Polo, cuyo Libro de las maravillas incentivó a muchos a romper límites y adentrarse a los más remotos confines.

El problema era que entre los países europeos y las naciones donde se producían las especias había grandes obstáculos. Uno, geográfico: el inmenso y desconocido continente africano; otro, político: los turcos, que trataban de obstaculizar incesantemente el paso por sus dominios para llegar hasta el Oriente.

Para vencer este obstáculo, casi no había medios. Para sortear el otro, había que recurrir a la sabiduría de los grandes geógrafos de la época: los árabes. Pero estos estaban convencidos de la concepción ptolomeica del mundo y no estaba en sus planes especular más allá de lo que ellos conocían. Sumado a eso, el terror que tenían a la mar océano, que denominaban el mar verde de las tinieblas”.

Recordemos que por aquellos aos una calamidad de proporciones inusitadas había cambiado el curso de la historia europea: la Peste Negra. En pocos aos, la epidemia de bubónica mató a millones de personas obligando a modificar radicalmente los modelos sociales y económicos de la época, a tal punto de derrumbar el modelo feudal imperante entonces.

Con el mercantilismo, surgido consecuentemente, la gente empezó a valuar su trabajo, por el cual era pagado convenientemente, por lo tanto, le sobraba dinero para gastar más. Y una parte importante de ese dinero era utilizada para pagar por la alimentación, a tal punto que era común ver que mucha gente compraba artículos y alimentos, antiguamente práctica sólo reservada a los ricos, como el caso de las especias.

Muchas de las comidas de la gente de la época provenían del mar, como el bacalao, que era acopiado secándolo, lo que lo convertía en un producto seco y duro, que luego había que ablandar en agua y disfrazar su sabor. Para ello, nada mejor que un poco de jengibre, pimienta, cúrcuma, nuez moscada, clavo, canela, cardomo, etc. Y todos eran traídos de lejanos países, por los mercaderes venecianos. Pero la cosa no era fácil. Las guerras con los turcos habían cerrado los caminos y, por lo tanto, había que buscar alternativas.

Y otro poco de sal

En la búsqueda de las especias, lo que al final llevó a completar el mundo conocido hasta entonces y tuvo un importante papel fue la sal. Sí, la sal.

Allá por 1415, durante una expedición enviada al norte del Africa, Enrique, hijo del rey portugués, se enteró de que el comercio de sal a través del desierto del Sahara era de una magnitud tal que superaba las expectativas más optimistas. Por lo tanto, un negocio pinge.

Desde las costas mediterráneas, las caravanas llevaban sal hacia el sur, donde las cambiaban por marfil, polvos de oro, esclavos, pieles, etc. Por las informaciones obtenidas, Enrique se dio cuenta de que podría facilitarse grandemente el transporte utilizando carabelas en vez de caravanas de camellos.

Para llevar adelante sus proyectos, fundó en Sagres un lugar ubicado en el promontorio de So Vicente una escuela de navegación, donde reunió a los mejores geógrafos, técnicos y navegantes de la época, pero estos le aconsejaban que era imprudente aventurarse más allá de lo hasta entonces conocido.

Si bien los escuchaba, Enrique disponía que sus capitanes trataran de llegar lo más lejos que pudieran. Si lograba circunvalar la Terre, incógnita del Africa, podía infligir una derrota a los turcos y, a la vez, traficar con las especias del Oriente.

Los capitanes portugueses fueron avanzando poco a poco, sobrepasando el cabo Bojador, luego el Río de Oro, hasta llegar a más de 2.000 millas de costa, que es lo que se descubrió cuando a Enrique, al que se le dio el apodo de El Navegante, le llegó la muerte.

Los viajes siguieron: Bartolomeu Días logró sobrepasar el Cabo de las Tormentas, al que luego llamó De la Buena Esperanza. De la buena esperanza de poder llegar a las Indias, lo que ocurrió en 1498, cuando Vasco de Gama puso sus pies en el puerto de Calcuta. Fue el primer barco europeo en recalar en ese puerto, luego de los buques romanos, más de mil aos atrás, llegados desde Egipto.

Y el mundo se completó

La necesidad de acceder a los países productores de especias llevó a navegantes de otros países a encarar temerarias aventuras.
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