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A cien aos del Primer Congreso Feminista de Yucatán celebrado en 1916, la situación de las mujeres en esta región del país se ha transformado notablemente. En un proceso lento, pero continuo, las brechas de desigualdad en el acceso a oportunidades de educación, empleo, propiedad, financiamientos y políticas públicas, han tendido a disminuir, proporcionando cada vez más, mejores espacios de participación para las mujeres aunque el camino por recorrer para llegar a la paridad entre hombres y mujeres aún es largo.

La lucha de las mujeres por el acceso a mejores condiciones de vida, libre de violencia, ha sido difícil, especialmente si consideramos que los estereotipos y roles de género, continúan reproduciendo en la sociedad modelos tradicionales de costumbres, prácticas sociales y comportamientos que orientan a gran parte de las mujeres a aceptar condiciones discriminantes en el trato en el hogar, la escuela o el trabajo. La reproducción de roles estereotipados también ha contribuido a desear el matrimonio y la maternidad como únicas formas de ser mujer, cuando en la actualidad la situación económica y social del país se encuentra inmersa en un modelo global que demanda la participación de hombres y mujeres preparados para incursionar en diversos ámbitos productivos y sociales que generen desarrollo y permitan el mantenimiento de la población dependiente: nios, nias, adolescentes, adultos mayores, discapacitados y población en situación de grave vulnerabilidad a través de acciones familiares, comunitarias y gubernamentales.

Considerando el rezago histórico de las mujeres en diferentes ámbitos, este trabajo pretende exponer que la gran transformación social del siglo XX en Yucatán fue la irrupción de las mujeres en el ámbito público en el espacio laboral rural y urbano, en la ciencia, el arte, el deporte, la política y la participación comunitaria. La construcción de una conciencia colectiva con identidad de género ha sido un proceso parsimonioso pero que ha dado resultados innegables reflejados al comenzar el siglo XXI.

La salida del hogar al trabajo y a la actividad extra doméstica, ha modificado tradicionales esquemas de percepción de lo que significa ser mujer. Las familias yucatecas en proceso de transformación, han configurado nuevos arreglos domésticos dependiendo de la movilidad de sus mujeres y la modificación de sus roles de género como madres, hijas, esposas, hermanas, suegras y nueras. Todas en movimiento, las mujeres de Yucatán, han decidido desarrollar nuevas prácticas en las que la educación, el trabajo y la participación social han sido pieza clave. En la primera etapa de este siglo, las mujeres representan, según datos oficiales, al menos la tercera parte de la población que genera recursos económicos en actividades productivas fuera del hogar (Inegi, 2010), pero su labor dentro del hogar continua proveyendo cotidianamente una serie de bienes y servicios necesarios para reproducir a la familia, muchas veces realizando la denominada “doble jornada”. A través del trabajo informal, también han encontrado una vía de colaboración y complemento de las necesidades económicas de la familia, por lo que su contribución material muchas veces escapa al registro oficial.

Por otra parte, al comenzar el siglo XXI, 22% de los hogares en el estado, estaba comandado por una mujer (Inegi, 2010), quien además de proporcionar el sustento de la familia o ser la proveedora principal del hogar, se ha convertido en el eje a través del cual cada uno de los hijos continúa su camino hacia el futuro. La mitad de ellas son viudas, la cuarta parte son mujeres divorciadas, separadas o abandonadas y, otra cuarta parte, son mujeres solteras que proveen el sustento a sus padres y otros familiares. La jefatura femenina asciende a 30% si consideramos a las mujeres mayores de 60 aos, lo que refleja que aun en la adultez mayor, las mujeres continúan proporcionando a sus padres o suegros ancianos y a sus descendientes, diversas formas de cobertura material, además de otro tipo de transferencias instrumentales y emocionales a través del rol de abuela cuidadora.

Al llegar el siglo XXI, las brechas de desigualdad en las universidades muestran una disminución importante en comparación con décadas anteriores, encontrando una tendencia a la feminización de la matrícula educativa aun en carreras tradicionalmente masculinas como las ingenierías, derecho, medicina, administración y veterinaria (Villagómez, 2011). Como académicas y científicas, se han ubicado en posiciones de alta jerarquía, representando ya más de la tercera parte del Sistema Nacional de Investigadores. Pero la alta participación de las mujeres en la vida pública no solo se refleja en el acceso a nuevas fuentes de educación y capacitación que las ha llevado a las universidades y centros de generación de conocimiento científico. También han accedido a nuevos espacios laborales en diferentes sectores, donde la producción en el campo, la industria, el comercio o los servicios, se han convertido en fuente de participación económica gracias al mejoramiento de su nivel de instrucción.

Como trabajadoras por cuenta propia, emprendedoras y empresarias, las mujeres de Yucatán demostraron un avance significativo a partir de 1970. A la fecha, su participación en el empresariado estatal rebasa 40%, generando empleo a través de micro, pequeas y hasta medianas empresas que atienden fundamentalmente las demandas del sector comercial y de servicios. La diversidad de actividades emprendidas en este ámbito se ha potenciado gracias al desarrollo de la ciudad capital como la metrópoli más importante en el sureste del país. A pesar de ello, su presencia y participación en puestos directivos en Cámaras empresariales es aún muy limitado.

Con el acceso al voto a partir de la segunda mitad del siglo XX, las mujeres también accedieron a una nueva forma de participación en el ámbito público. Y a pesar de que aún se mantienen con pocas posibilidades de acceder a puestos de toma de decisión y de poder de primer nivel, o candidaturas de paridad, algunas mujeres han escalado políticamente en las principales fuerzas político partidistas del estado hasta alcanzar presencia notable en el escenario nacional.

El arte ha sido un espacio en el que las mujeres también han destacado, incursionando exitosamente como cantantes, compositoras, escritoras, escultoras y pintoras, plasmando sus habilidades en obras de reconocido prestigio local e incluso internacional. Nombres de gran talla forman parte de este grupo de mujeres que transformaron el silencio dentro del hogar por la expresión artística en la esfera pública. El ámbito deportivo, también ha representado para las mujeres otro espacio de participación, especialmente para las nuevas generaciones. A finales del siglo XX y principios del XXI, se identifican jóvenes mujeres en diversas disciplinas, ubicando a Yucatán en posiciones importantes en el escenario nacional e internacional.

Una actividad tradicional de las mujeres ha sido el “cuidado de los demás”. Sin embargo, esta labor se ha profesionalizado al grado de agrupar una proporción importante de féminas trabajando a favor del prójimo en grupos y asociaciones de beneficencia y voluntariado social que han sido pieza clave para el mejoramiento de las condiciones de vida de la población más vulnerable del estado. Al mismo tiempo, el incremento de su participación a través del activismo cívico en organizaciones de la sociedad civil ha contribuido a la lucha por demandas comunitarias como los servicios gubernamentales, al incremento de demandas feministas por la igualdad de género y empoderamiento de las mujeres, de capacitación para el empleo o de actividades recreativas y de fortalecimiento de redes sociales.

En cualquier ámbito, son mujeres que transitan en Yucatán construyendo un espacio social en el que ellas son protagonistas dejando huella. Tal es el caso de los personajes que a continuación expondremos. Se trata de mujeres con nombre y apellido que han trascendido en la sociedad al ubicarse como mujeres de vanguardia que contribuyeron a la transformación de la situación de las mujeres en esta parte del país gracias a su participación en el ámbito público. Los personajes que aparecen en este trabajo son apenas una muestra del gran contingente femenino que refleja los avances de muchas mujeres más en todos los espacios. La mayor parte de las mujeres que han contribuido al desarrollo de Yucatán,
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son heroínas anónimas a las que dedicamos este texto.

El trabajo de las mujeres mayas del campo como agricultoras, artesanas, trabajadoras domésticas en las ciudades o trabajadoras en la industria a través del empleo en las maquiladoras y en el sector del comercio y los servicios, contribuyó de manera determinante en el avance de las diferentes regiones del estado. Un ejemplo de ello lo encontramos en la crisis de la zona henequenera, que obligó a la depuración y finalmente desaparición del padrón de ejidatarios henequeneros a finales del siglo XX. Gracias al trabajo de muchas mujeres que se incorporaron al trabajo fuera del hogar y se convirtieron en migrantes pendulares en Mérida para trabajar como afanadoras, trabajadoras domésticas y empleadas de mostrador, entre otras actividades, esta zona del estado enfrentó la pobreza de las familias. De igual forma la migración de mujeres a Cancún, ha contribuido a la generación de recursos en la zona oriente del estado.

Desde diversos enfoques, en las últimas décadas se realizaron estudios que abordaron el trabajo de las mujeres mayas como amas de casa realizando jornadas de trabajo invisibles a la economía, pero que generan bienes y servicios dentro del hogar para la reproducción de la familia Daltabuit, 1992; Villagómez y Pinto, 1997). Además de ser horticultoras, bordadoras, tejedoras y artesanas, las mujeres recolectan lea y manejan el solar incluyendo la cría de animales de patio como parte de la economía familiar. En estos estudios las mujeres mayas fueron analizadas como reproductoras de la familia, pero destacando su rol doméstico, comunitario y laboral como fuente de empoderamiento y dignificación.

Las mujeres también han sido analizadas como trabajadoras del campo en diversas actividades productivas (Cervera, et. al., 1984; Duarte, 1987; Mummert y Ramírez, 1995; Nadal, 1995 y Rosado, 2001); como trabajadoras domésticas han sido analizadas por Sacramento (l983), como trabajadoras en maquiladoras (Castilla 2004); como amas de casa y madres (Pacheco y Lugo 1995; Villagómez y Pinto 1986), como reproductoras de la cultura maya (Santana y Rosado 2012), como reproductoras de tradiciones familiares y comunitarias (Máas Collí, 1999) así como parteras y curanderas (Gémez, 1997). Desde otra perspectiva, Ramírez (1995) y Rosado (2004) ofrecen un panorama más específico sobre este tipo de estudios en los que las actividades en el mercado de trabajo transformaron y redefinieron los roles e identidades de género entre las mujeres mayas de la península de Yucatán.

Pinto (1980) destacó su incorporación en las Unidades Agrícolas Industriales para la Mujer (Uaim), proyectos productivos implementados en Yucatán a partir de 1976 para promover la integración de las mujeres al desarrollo. Un caso emblemático de la mujer maya es el de Sabina Cohuó, lideresa comunitaria del municipio de Timucuy, que presidió la Uaim más importante del país convirtiendo a la Unidad “Aurelia” en un ícono nacional que representó el potencial de las mujeres del campo cuando se organizan y empoderan con el apoyo económico y dirección técnica del gobierno. Con altas y bajas, este grupo de mujeres logró un éxito sin precedentes. Decenas de Unidades Agrícolas Industriales para la Mujer iniciaron diversas actividades productivas en todo el estado, y aunque la mayoría fracasó a corto mediano o largo plazo, la experiencia laboral transformó su percepción de sí fortaleciéndolas para desarrollar otro tipo de trabajos fuera del hogar.

Uno de muchos casos de mujeres mayas que participó en la organización de este tipo de unidades de producción y que logró superar las limitaciones en el acceso a la educación, empleo y participación política es Abigail Uc Canché, destacada mujer originaria de Telchaquillo, municipio de Tecoh, que se convirtió en Licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma de Yucatán y presidenta de la Federación de Unidades Agrícolas Industriales para la Mujer (Uaim) de la Cnc. Fungió como Secretaria de Acción Femenil de la Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos de la Confederación Nacional Campesina (Cnc) en Yucatán. También fue Consejera Social del Instituto Nacional de las Mujeres, Directora del Instituto para el Desarrollo de la Cultura Maya en el Gobierno del Estado de Yucatán, Representante del Gobierno del Estado de Yucatán ante la Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas y Secretaria de Organización de la Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos de la Cnc Yucatán.

La labor de las mujeres como artesanas en el contexto global ha sido investigada por Rejón (1995) y Terán (2010). En sus estudios se aprecia que a través del trabajo artesanal, las mujeres elaboran estrategias familiares, individuales y organizativas de autoempleo y autocapacitación. Desde su perspectiva, la producción de artesanías es un espacio de transmisión de conocimiento y cultura, pero también un aporte económico y trabajo familiar no siempre reconocido y valorado como productivo. El ámbito de la comercialización ha sido uno de los puntos más complejos que frenan o desalientan la producción. Estas experiencias de trabajo femenino, también muestran los mecanismos mediante los que se reproduce la explotación de las artesanas y la subvaloración de sus productos y su trabajo. Con el fin de contribuir al mejoramiento de sus estrategias de producción y comercialización, en Yucatán Silvia Terán Contreras, etnóloga y maestra en Ciencias Antropológicas se convirtió en promotora de la capacitación de artesanas y bordadoras mayas.

Por más de dos décadas, se ha dedicado a la investigación, difusión y promoción cultural del quehacer de las bordadoras del estado. Esta labor la llevó a desarrollar actividades de capacitación para las bordadoras fundando y dirigiendo Maya Chuy: Bordado Maya, comercializadora de bordados. Publicó un libro con el censo de artesanías de Yucatán y el bordado yucateco. En algún momento comentó que se dio cuenta que el bordado era muy importante y las mujeres estaban en la transición del bordado de autoconsumo al de venta por la necesidad de recursos. En 1992, solicitó apoyo para este proyecto, por lo que viajó a Dinamarca y obtuvo recursos de la organización Cáritas para capacitar a artesanas mayas yucatecas para perfeccionar la técnica y aprender nuevas formas de producir para el mercado. Con ese objetivo abrió la FundaciónTun Ben Kin, que posteriormente se convirtió en la Asociación Tunben kinan, con la cual durante 20 aos trabajó con nuevos diseos pero con técnicas tradicionales. Los resultados de este trabajo se reflejaron al incorporar este tipo de prendas al circuito comercial turístico de Yucatán, modificando la vida de muchas mujeres y potenciando su empoderamiento personal y colectivo.

Un ejemplo de mujer maya exitosa, es el caso de Celsa Iuit Moh, quien tras 50 aos como artesana, trabajando elhenequén, se convirtió en 2009 en la primera mujer yucateca en ganar elPremio Nacional de Ciencias y Artes. Nació en la finca deSan Pedro, enXocchel, corazón de la zona henequenera deYucatán. Fue pionera en la producción y venta de las artesanías en la región y se distinguió siempre por trabajar el sosquil (fibra del henequén) en color natural y también coloreado sus productos con anilina y tintes naturales. Con una larga trayectoria de participación en concursos y ferias artesanales, transmitió sus enseanzas artesanales a familiares y nuevas generaciones en comunidades del estado.

Producto del elevamiento del nivel educativo de las mujeres, Yucatán vio nacer al concluir el siglo XX una generación de mujeres con carreras técnicas, universitarias y científicas que transformaron el rumbo del estado de Yucatán. Son mujeres que rompieron el denominado “techo de cristal”, ese límite autoimpuesto por generaciones de cultura androcéntrica y patriarcal que las mantuvo dentro del hogar y alejadas de la cultura y de la ciencia durante siglos. Las mujeres con carreras profesionales, ahora laboran en diversos Centros de investigación y docencia en la capital meridana. Estos centros de generación de conocimiento se han integrado al paisaje urbano que se transformó lentamente hasta convertirse en una ciudad colonial que alterna espacios de modernidad globalizada. Los centros de educación superior y de investigación son el (Cicy); elCentro de Investigación y de Estudios Avanzados del Ipn (Cinvestav Unidad Mérida); el Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales (Cephcis) de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam), el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (Ciesas Peninsular Conacyt) y el Centro de Investigaciones Regionales Dr. Hideyo Noguchi de la Universidad Autónoma de Yucatán. Los siguientes nombres y trayectorias profesionales son apenas unos cuantos ejemplos de las mujeres que ha realizado actividades científicas en Yucatán al finalizar el siglo XX, transformando con ello el alcance del trabajo de las mujeres fuera del hogar. Sus aportaciones en la generación de conocimiento, la docencia y participación social, han contribuido al avance de la ciencia y la docencia en la región y el país.

Las primeras universitarias graduadas en Yucatán rompieron el techo de cristal[2] construido por la cultura de género y lograron transformar el imaginario colectivo de la sociedad yucateca desde el primer cuarto del siglo XX. La primera titulada fue Rosario Arcudia Medina, quien en 1927 se graduó de licenciada en Química, en la UniversidadNacionaldel Sureste (hoy Autónoma de Yucatán). Otra destacada mujer de la historia universitaria fue Consuelo Vadillo Gutiérrez, quien en 1930 se convirtió en la primera médica graduada en la entidad. Antonia Jiménez Trava primera licenciada en derecho por la Facultad de Jurisprudencia de laUniversidad Autónoma de Yucatánobteniendo su título en 1939.

Las primeras ingenieras Civiles graduadas en la Universidad Autónoma de Yucatán fueron Noemí Farías y Rosita Montalvo. Una mujer destacada en este ámbito es la Ingeniera Elsy Yolanda Lara Barrera, pionera en su ámbito profesional. Fue la primera ingeniera que se enfrentó a un ambiente tradicionalmente masculino en el ámbito de la construcción a principios de los aos 60 cuando no era común la participación de una mujer en esta actividad productiva en toda la península. y posteriormente se incorporó a la Universidad Autónoma de Yucatán como Directora de la Preparatoria Dos. Fue recipiendaria del premio “Maestro Salvador Rodríguez Losa” que otorga la Confederación de Profesionistas del Sureste por su trayectoria profesional.

En el ámbito de las ciencias sociales, destaca MaríaTeresa MendozaFernández, Catedrática de la Facultad de Contaduría y Administración de la Universidad Autónoma de Yucatán que cuenta con 45 aos de labor docente. En 2013, recibió el título de “Profesor emérito” de la Universidad Autónoma de Yucatán. Estela González Cicero, es doctora en historia y fue galardonada con la “Medalla Cultura Yucatán 2015” como reconocimiento a la trascendencia de su producción académica en la conservación y sistematización del legado histórico de México y Yucatán. La Medalla Cultura Yucatán se entrega cada dos aos a personalidades que se distinguen por su trayectoria de vida con méritos especiales por el arte y la cultura en Yucatán, así como por su trascendencia a nivel nacional e internacional. Nadima SimónDomínguez, contadora pública, maestra y doctora en administración, otra sobresaliente universitaria,
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fue nombrada maestra distinguida de la Una