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La semana pasada un aviso de Ralph Lauren le dio la vuelta al mundo. Pero no era una buena campaa para la marca. Luego de que la noticia se difundió por la red, la compaía tuvo que admitir que se trató de un trabajo de retoque de baja calidad, sacó el aviso de circulación y dio disculpas por distorsionar el cuerpo de una mujer.

Pero el dao ya estaba hecho. La marca, que argumenta haber construido un emporio basado en calidad e integridad, quedó sealada como una de tantas que promueve una figura femenina extremadamente delgada e inalcanzable, una tendencia ampliamente criticada por su impacto entre las jóvenes con riesgo de sufrir bulimia o anorexia. “Las mujeres quieren ser tan delgadas como la modelo de esa imagen y como no lo logran sienten rabia, frustración e incluso se deprimen”, dice Camila Pombo, sicóloga experta en el tema.

Los trucos para retocar a una persona en una foto no son nuevos. Antes de la invención de programas como photoshop, ya existían maneras para que la piel saliera sin marcas, para lo que había que trabajabar directamente sobre la película. Pero con esta herramienta corregir defectos se volvió más fácil. “Todo el mundo la usa en este medio”, dice un periodista de farándula. En 2007 la cantante country Faith Hill apareció en la portada de la revista Redbook. Un ao después, Beyoncé protagonizó otro caso sonado con un aviso en el que aparecía con el tono de la piel aclarado para promover un tinte para el pelo. También mejoran a los hombres. En una portada de Men’s Fitness, al tenista Andy Roddick le aumentaron sus bíceps exageradamente.

Algunos defienden este recurso como el nuevo cuarto oscuro de los fotógrafos. Para otros es artístico. El dilema surge cuando la foto busca reflejar una realidad pero se mejora para vender más, como en las revistas de moda y farándula. “Si el trabajo es artístico, lo que cuenta es la estética, pero si es periodístico, la consideración debe ser ética”, dice Jerry Lodriguss, fotógrafo deportivo.

El fotógrafo Esteban Escobar usa esta herramienta para arreglar imperfecciones, pero no toca rasgos característicos de la persona. Lo más importante en su trabajo es el rostro de la modelo porque sabe que del cuerpo se encarga el computador. “Para mí el ‘photoshop’ es como un maquillaje, pero más efectivo”. Dice que la gente maneja una doble moral frente al tema, pues mientras todos quieren ver “el muerto tal como es, nadie quiere ser el muerto”, con lo que indica que las modelos y celebridades consienten este tipo de modificaciones por vanidad. “Todas quieren que se les borre algo, unas más que otras”, sostiene. Agrega que la gente está acostumbrada a ver atractivos a los famosos, sin celulitis ni ‘conejos’. Un ejemplo de esa expectativa fue la portada de Sarah Palin en Newsweek el ao pasado en donde apareció con vello facial, arrugas y demás, lo que suscitó la crítica de sus seguidores, quienes vieron la imagen como una manera deliberada de hacerle mala campaa.

Pero un reciente sondeo de la revista SoHo entre sus lectores mostró que una mayoría abrumadora prefirió la portada sin retoque digital de la modelo Melissa Giraldo, frente a otra retocada. Ello demuestra lo contrario: que el público está ansioso por ver a las celebridades tal y como son. “Es más interesante una mujer que podría ser una colega, una vecina, alguien más cercano, que una que parece inalcanzable. Por eso la sección ‘modelo no modelo’ es tan aceptada”, dice Diego Garzón, editor de SoHo. Para lex Mejía, fotógrafo autor de las fotos de Melissa, “la gente se cansó de tanta mentira”. Por respeto, Mejía no se atrevería a modificar a una modelo en el computador más allá de corregir morados y espinillas. “Para mí es un asunto más de dirección (luces y poses) que de captura”, seala. Glamour también comprobó que la gente quiere ver mujeres sin tanto maquillaje digital. En la edición de septiembre pasado esa revista incluyó una foto de la modelo Lizzi Miller, de 20 aos, desnuda y mostrando sin temor un abdomen flácido.

Algunas actrices también han protestado por esta manipulación. En 2003 Kate Winslet protestó públicamente por la manera como la revista GQ había adelgazado sus piernas. Mucho antes, en 2002, Jamie Lee Curtis había posado en ropa interior para la revista More con la condición de que no le hicieran retoques. “No tengo buenas piernas, mis senos son muy grandes y caídos, tengo el estómago flácido y me he engordado. No quiero que las mujeres de 40 crean que yo he logrado superar esos problemas”, reveló en aquella ocasión la actriz a sus 43 aos.

Para el publicista ngel Becassino, lo que hay que evitar con esta herramienta es establecer un ideal de belleza que no es real. Y aunque piensa que el público es lo suficientemente ilustrado como para saber qué fotos han sido retocadas y cuáles no, está a favor de que los medios informen cuando éstas han tenido modificaciones.

Esa es la estrategia de la política francesa Valerie Boyer, quien el ao pasado pasó una ley para que las imágenes publicadas en editoriales o avisos publicitarios de los medios masivos alerten a los lectores sobre el retoque al que se sometieron. La medida busca combatir la percepción negativa de las mujeres sobre sí mismas al compararse con esas fotos de cuerpo perfectos, sin grasa, sin celulitis ni imperfecciones. “Aunque la anorexia y la bulimia son trastornos multifactoriales, estas imágenes de figuras esbeltas ponen a la gente en un riesgo mayor”, dice Pombo. Estudios demuestran que la autoestima de las mujeres se deteriora después de leer las publicaciones de moda. A pesar de las campaas, la especialista dice que los trastornos han ido en aumento en el mundo. Eso hace pensar en que tal vez la única medida no sólo sea una ley que advierta la manipulación digital de las fotos, sino que también la industria debería ejercer cierta autocensura. “Todo depende de la dosis”, dice Escobar. Porque el tema hace parte, según él, de la cultura que promueve la perfección. “Cada cual la logra de diferentes maneras, con cirugías, ejercicio o con ‘photoshop'”,seala.
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